viernes, 11 de julio de 2008

Soy una hoja de su árbol...

Caen lágrimas de la rama más alta del árbol al que me subí hoy para ver más arriba. Llegar al cielo parece que nunca puede alcanzarse. Las nubes no son más que manchones de vapor en eso que vemos azul… y que tampoco podemos tocar. Sin embargo todo lo que es tangible no lo valoramos como tal.
Aceptar que las cosas cambian, aceptar los sueños y deseos de los demás, y ayudar en la medida en la que podamos para que eso se realice. Si ellos confían en nuestra ayuda ¿por qué hemos de negársela? ¿Si antes creyeron poder triunfar y no lo lograron, implica que hoy tampoco lo harán y por eso hemos de cortar sus alas, o hacerlos volar solos, a su merced? No creo que sea muy difícil entender que la senda de la gente que amamos no va por la misma porción de tierra que la nuestra, y de ello estamos hechos, de diferencias, de variantes en los patrones, de individualidad, originalidad en la medida en que se puede ¿Es muy complicado entender que quiero crecer y hacer mi vida? No creo que cueste vida el hecho de aceptarlo.
Las sombras a las que siempre les tuve miedo se aparecen, los velos siguen cubriéndoles las caras, no puedo llamarlas por sus nombres porque no las conozco, no sé bien de dónde provienen. Si alguna vez fueron nombradas, no lo escuché ni lo encontré en ningún libro ni memoria, sólo que le tengo miedo a el olvido, ya lo dije, y lo repito. Tengo mucho miedo también, a que aquellos que pretendo que crean en mi, me tomen como un chiste más de un buen libro que los hizo reír un rato, y no me den la palmada en la espalda que quizá estoy necesitando, el crédito, cuota de confianza que estoy pidiendo ¿O acaso tenemos que ser todos culpables hasta demostrar lo contrario?
Se puede tomar carrera y tratar de levantar vuelo, pero es más fácil cuando alguien te facilitó unas alas mejor armadas, y más resistentes. Allá en el cielo hay muchas personas que te van a acompañar, pero lo difícil de todo esto es, seguramente, el inicio del viaje, y es ahí donde siempre uno necesita el apoyo. Ya pasó, ya caí, ya me sentí sola, ya los necesité, no cometería el error de alejarme tanto de ustedes una vez más. Ya lloré hasta el sueño por un abrazo que no iba a recibir. Ya llamé hasta el hartazgo para escuchar un simple “hola” que me reconfortara en ese momento tan frío. Ya entendí que el amor mueve al mundo, y me mueve a mi más que cualquier otro sentimiento, y por eso los amo, y no dejaré de hacerlo. Si tienen miedo a que me caiga otra vez, otro moretón puede mancharme la piel, pero enriquecerme el alma, y lo hago ahora, porque con los huesos más viejos, la herida va a durar mucho más tiempo, pero creo que esta bicicleta ya la conozco un poco mejor y el equilibrio está conmigo en este viaje.
Pido solamente un poco de ayuda, un poco de crédito, cómo dije antes. Puedo equivocarme una vez más, pero ayúdenme a intentarlo: esta vez sí se los estoy pidiendo ¿No fue eso, acaso, lo que me aconsejaron que hiciera aquella vez?

1 comentario:

Palbo dijo...

Un monje le preguntó a Joshu: "Esta vaca, ¿tiene la naturaleza de Buda?"

Joshu respondió: "¡Mu!"