viernes, 30 de mayo de 2008

Errores

Hay veces que me detengo a observar como gira el mundo mientras estoy subida a él. A veces me voy también, me elevo y sigo mirando como gira cuando no estoy, cuando siento que con un simple error de cálculos, no habría de volver jamás. Estoy tan dentro y tan fuera que no termino de encontrarme. Estoy tan segura y tan perdida que estoy al borde de la razón. El mismo temor a encordecer del que hablaba antes. Quiero salir a la vida, porque este encierro no puede ser más que la antesala de la muerte. La vida misma no es esto, o sí, pero de otra manera. Quiero caminar con los pies afirmados a mi verosimilitud, sin que eso signifique veracidad, ni realidad. Los momentos en los cuales puedo despegar son los más cercanos a mí misma, a mi esencia. Y no hay nadie en ellos, si es que no despegué tomada de las manos o enroscada en la mente de alguien más que se anima a despegar conmigo, que tiene la maravillosa capacidad. Somos pocos guerreros de la luz, pero cuánto alumbra un solo fósforo en una habitación a oscuras. ¿Para qué luchar contra lo irreverente? ¿Para qué tratar de que comprendan esto, si nunca lo vivieron? ¿Por qué perseguir el popularismo ridículo de mostrarse diferente? Si queremos ser diferentes, o si nos sentimos de esa manera, mantenete en tu diferencia sin hacer un altar de ella, eso ya dejó de ser diferente. Y todo es diferente, siempre, todo. La cuerda que salto gira a velocidades incontrolables, irrefrenables, los pies no me dan casi para mantenerme al ritmo, siento que me voy a caer, tropezar en cualquier momento. Un solo error de milésimas de segundo, y sé que caigo, se que no puedo seguir, se que me detengo, que sería el golpe fuerte que terminaría por quebrar mis huesos, y dejarlos hechos añicos, sólo una milésima y no habría de volver jamás.

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